A lo largo de las últimas décadas hemos ido observando como progresivamente se ve retrasando la edad a la que la mujer accede a su primer embarazo (en Canadá, la edad media es de 29,6 años, en Suecia 28,3 y en España es de 31,2 años). Esto se acompaña a su vez con un aumento en la esperanza de vida de la mujer, que en la actualidad alcanza 84,9 años.
Existen embarazos conocidos con el uso de técnicas de reproducción asistida hasta en un caso con 70 años de edad materna y tras concepción natural con 57 años.
Este retraso en el acceso al primer embarazo es fruto de tanto avances científicos, como los propios en contracepción, como de las circunstancias sociales actuales; mayor formación, mayor participación en el mercado laboral, pero a su vez, dificultad en el acceso a la vivienda, incertidumbre económica, etc…
No existe una definición clara de edad materna avanzada. Es sabido que la fertilidad disminuye con los años, especialmente a partir de alrededor de los 35 años y a su vez es en este mismo periodo aumenta progresivamente el riesgo de complicaciones, aunque los estudios nos muestran que las gestaciones conseguidas entre los 45-50 años, tienen buenos resultados obstétricos.
La edad materna avanzada se asocia con una disminución en la capacidad reproductiva con una mayor tasa de aborto, un aumento del riesgo de complicaciones del embarazo, como hipertensión arterial, diabetes gestacional, placenta previa, cesárea, y un aumento significativo de las intervenciones obstétricas realizadas en este intervalo de edad. No obstante, el aumento del riesgo, es relativamente pequeño debido a la eficacia de los controles/ intervenciones obstétricas.
La capacidad reproductiva se ve mermada en primer lugar por una disfunción ovárica, en segundo lugar por el mayor tiempo de exposición a agentes externos que pueden provocar la aparición de patologías como la endometriosis, infecciones pélvicas, pólipos, miomas o adenomiosis uterina, y en último lugar, porque la frecuencia de relaciones sexuales disminuye y la tendencia a la obesidad aumenta.
En cuanto a la patología del segundo y tercer trimestre del embarazo, debemos separar las complicaciones directamente relacionadas con la edad de las debidas a multiparidad, enfermedades crónicas, etc.
El riesgo de morbilidad perinatal en las mujeres por encima de 40 años, aumenta bruscamente a partir de la 40 semana de gestación. Sin embargo, el riesgo de muerte neonatal en prematuros es menor que en las mujeres jóvenes, probablemente debido a la atención obstétrica y al control de factores de riesgo.
En cuanto a los resultados obstétricos de embarazos gemelares, no se observan diferencias en cuanto a morbimortalidad fetal con el incremento de la edad materna, aunque en otros estudios si se observa un incremento significativo de los resultados obstétricos desfavorables en mujeres mayores de 50 años con embarazos gemelares.
Actualmente, el avance en las técnicas de reproducción asistida, el diagnostico cromosómico preimplantacional, el screening cromosómico del primer trimestre y los avances en el campo de la obstetricia y perinatología, han supuesto una ayuda importante, fundamentalmente en este grupo de edad.
En el ámbito de la prevención, la preservación de la fertilidad mediante la vitrificación ovocitaria ayudará a las madres que busquen su embarazo más allá de los 40 años en los próximos años.
Por otro lado, en el ámbito social, las mejoras en la compatibilidad familia/trabajo, según los estudios poblacionales realizados, se traduce en un rejuvenecimiento de la edad de acceso al primer embarazo y una equitativa división de las tareas domesticas, el apoyo en el cuidado de los niños con guarderías etc. han demostrado ser una forma efectiva de potenciar la maternidad, junto con una educación y una aproximación de la sociedad a las necesidades durante la maternidad.
Dra. Pilar Albero
Ginecóloga IVI