El niño que nace por donación de gametos no tiene un pasado ni unos padres a los que buscar. Si no fuera por sus padres, este niño no existiría, ya que con un solo óvulo o espermatozoide que el donante o la donante aportaran, nunca llegaría a ser persona. No existe, por lo tanto, el sentimiento de abandono que puede existir en la adopción. Muy al contrario, estos niños, llegan a unos padres con un gran deseo de tener un hijo y con mucho amor para darle.
Los niños concebidos por donación de gametos podrían beneficiarse también del conocimiento de su pasado, pero está todavía poco claro cual es el riesgo-beneficio que esto puede ocasionarles. Todavía son escasos los estudios que existen sobre las nuevas familias creadas a través de la donación, sin embargo los resultados de los estudios son alentadores para aquellos que se plantean tratamientos de fertilidad.
Existen todavía preguntas y dudas que resolver para lo que son necesarios más estudios. Para ello, lo más adecuado es tener en cuenta cómo estas técnicas afectan a las parejas que las desarrollan, a las relaciones de parentesco, de amistad, de vecindario y a sus relaciones de trabajo, ya que consideramos relevante que la sociedad de hoy en día ponga especial atención en normalizar los procesos de reproducción asistida o de adopción de forma tal que lo importante sea “La Familia” y “La Persona” y no su forma de concepción, ya que las relaciones entre padres e hijos hoy en día están no sólo basadas en la naturaleza sino en la “crianza”. Sería ideal que en las escuelas se explicaran ya las nuevas formas de concepción.
En los últimos 30 años, la visión que tenemos los psicólogos sobre los niños ha cambiado notablemente. Ya no se piensa que los niños son sujetos pasivos a merced de las experiencias que les depara la vida. La psicología infantil nos demuestra que los niños poseen una mayor capacidad de asimilación de información que los mayores, es por ello que consideramos importante iniciar una fase de educación y transmisión de información para educar a las futuras generaciones sobre las familias creadas mediante reproducción asistida.
A nuestro entender, siempre debe ser la pareja quien decida lo que hará y nuestra labor no es otra que ayudar a la reflexión. Todo dependerá de su entorno, sus miedos y cómo hayan preparado psicológicamente la recepción de gametos. Existen cuentos ya para poder iniciar a los niños en lo que a estos temas se refiere. Por otro lado, probablemente sea en la adolescencia o ya en la vida adulta cuando ese hijo haga preguntas o necesite más información sobre su origen genético. Cada progenitor conocerá la mejor fórmula para explicar a su hijo de forma natural sobre su concepción y el mantenimiento del secreto mientras fue niño.
Un trabajo muy reciente y novedoso estudia las estrategias que utilizan los receptores de gametos para decirles a sus hijos la verdad sobre sus orígenes. Existen dos tipos, aquellos que han hablado abiertamente sobre el tema desde siempre ante el hijo/a y otros que han contado cuentos desde la infancia del niño/a para ir preparando a la familia.
De momento no pueden extraer conclusiones sobre la mejor forma de revelar la concepción mediante donación. En la comprensión moderna entendemos el parentesco como una noción cultural de relación que deriva de la idea de que es a través del día a día que uno se convierte en padre o madre. Ser padres quiere decir que se ha de criar al hijo, mantener las relaciones y los lazos; el vínculo y la cualidad de la relación es lo que nos convierte en padres.
El ambiente en el que crece cualquier niño o niña determina sus hábitos, sus costumbres, sus valores y su forma de entender la vida. Todo esto lo transmiten los padres a través de la educación, independientemente de que la carga genética que el niño tenga, sea o no la de uno de ellos.
Con independencia de que comuniquen al niño su origen o no, lo que sí está claro es que si el padre o la madre tienen dudas o dificultades de relación con su hijo por la forma en que ha sido concebido, esto redundará en su relación con él y si en cambio, viven su paternidad con absoluta normalidad y sin cuestionarla lo más mínimo, la relación con su hijo será como la de cualquier otro padre.
El vehículo comunicativo hacia los niños somos los adultos, que con la información que hasta el momento tenemos sobre el bien hacer de estas familias, nos demuestra que se debieran diseñar estrategias para transmitir la concepción de un niño a través de las técnicas de reproducción asistida, ya que la estructura familiar diferente no predice un desarrollo anormal del niño. Lo que realmente importa es la calidad de la vida de esa familia.