¿Lo querré?

Son muchos los interrogantes que surgen en torno a la paternidad independientemente del modo con que se ha conseguido el embarazo. En los casos de procreación por reproducción asistida las preguntas se multiplican a causa de la variedad de caminos que la ciencia ofrece para acceder al mismo.

Voy a tomar en este caso las dudas que surgen en los pacientes a los que se les ha indicado un tratamiento que contempla la donación de gametos. Las preguntas son muchas pero voy a destacar una que por su frecuencia y complejidad destaca sobre otras no menos importantes: ¿Lo querré?

Es frecuente que la respuesta rápida de los pacientes sea “Sí, seguro que una vez que nazca lo querré”. A pesar de esta afirmación observamos que dicha respuesta no les es suficiente para que el enigma y la angustia desaparezcan.

Tomaremos el caso en el cual quien se formula la pregunta es aquel que tiene problemas con sus propios gametos, es decir, quien soporta en su cuerpo la marca de la infertilidad.

La inmediata referencia de las pacientes a que ese hijo no será genéticamente suyo, que no tendrá sus rasgos, etc. nos muestra la brecha que existe entre la mujer y ese niño anhelado. Querer un hijo no es lo mismo que desear ser madre, el psicoanálisis  tiene muy clara la diferencia, por lo que es muy importante no confundir una cosa con otra. En el primer caso estamos en el plano de la demanda, demanda de algo, algo particular que vendría a colmar una falta pero que como toda demanda, una vez conseguido se pierde el interés por lo obtenido y la demanda siempre se desplaza a otra cosa, por lo tanto no es un buen parámetro para orientarnos; por el contrario el deseo de ser madre apunta a ejercer una función en la cual el objeto admite menos especificidades ya que lo que se busca satisfacer es el deseo de ser madre privilegiando la función y no el objeto.

Concebir un hijo o parirlo no es suficiente para convertirse en padre o madre de un niño es necesario adoptarlo, es decir hacerlo propio simbólicamente lo cual significa que ese niño que ha nacido pueda tener en los padres un lugar en su deseo,  un lugar simbólico en el discurso de los padres. Esto puede ser complejo de comprender pero si lo pensamos desde la perspectiva del hijo puede resultar más sencillo y para ello tomaré un ejemplo: Todos hemos oído alguna vez a personas que dicen: ”no es mi padre (o madre) pero para mi lo ha sido”. Esto ilustra como la persona que biológicamente no es el padre (o madre) tiene para el hijo el valor simbólico que lo instituye como tal, es decir ocupa el lugar del que ha aceptado desempeñar la función paterna y por ende el niño le otorga ese lugar en su discurso: lo nomina como padre.

Este ejemplo nos muestra lo que significa adoptar simbólicamente y me permito agregar que es necesario que los padres adopten al niño y viceversa, sea cual fuere el modo en que ha sido concebido.

En muchos casos de reproducción asistida, la dificultad es que aún no se ha constituido la representación simbólica del niño por venir y queda al descubierto, sin velo, la relación directa entre una mujer y el óvulo de otra y no entre una madre y un hijo. La angustia se hace presente y toda respuesta es insuficiente para llenar esa hiancia que hay entre ambos.

 

Es necesario que pueda construirse la representación simbólica del niño que se espera. Por lo tanto ante la emergencia de la pregunta de si querré o no al niño que  vendrá es fundamental no precipitarnos en responder sino que es fundamental orientar al paciente a que pueda hablar sobre cual es el deseo que lo habita en relación a la paternidad, que lugar vendrá a ocupar ese niño en sus vidas, ¿es producto de una demanda o de un deseo?,  etc. Podríamos finalizar diciendo que nuestro trabajo en estos casos debe orientarse hacia la transformación de la pregunta ¿lo querré? en ¿Qué deseo?

Juan Pablo Zito-Carro

Psicólogo - Psicoanalista – IVI Alicante

 

 
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¿Y qué pasa con ellos?
A menudo, en reproducción asistida, tendemos a centrarnos en las vivencias, historias y experiencias de las mujeres. Los tratamientos los lleva el ginecólogo (médico de la mujer), las exploraciones y pruebas se centran en el cuerpo de ella (no puede ser de otro modo), conocemos las historias clínicas por sus nombres, incluso, a veces, al centrarnos en preguntas a cerca de su estado emocional, nos dirigimos básicamente a ellas. 

Parece que el hombre adquiere en este mundo un papel más secundario, como de acompañante. La infertilidad, como otras muchas situaciones vitales, es vivida de forma muy diferente por hombres y mujeres. Pero el que tengan una vivencia distinta, no significa que para ellos no suponga igualmente un sufrimiento importante. Si bien es cierto que hay estudios que sugieren que los hombres con problemas de infertilidad presentan menos cambios emocionales que las mujeres, no sabemos si esta conclusión es debida realmente a una menor afectación emocional o puede deberse a la tendencia de los hombres a enmascarar sus sentimientos. 

En la vida cotidiana, a las mujeres se les permite expresar sus emociones con mucha mayor libertad y tranquilidad que a los hombres. La expresión “los chicos no lloran” es un ejemplo claro de cómo, desde muy pequeños, se va poniendo límites a esa expresión emocional. En el caso que nos ocupa, a menudo en consulta observamos a hombres que, al ver a sus mujeres pasarlo mal, intentan protegerlas, sin mostrar ante ellas ningún signo de debilidad o dolor. 

Una respuesta muy común de nuestros pacientes al preguntarles cómo se sienten ante la situación que están viviendo es la siguiente “Yo estoy bien, lo paso mal por ella, lo que más me preocupa es verla mal”. Ante esta respuesta, es importante hacerle ver al hombre cómo es lícito sentirse mal y poder expresarlo ante la no consecución de embarazo tras un tratamiento de reproducción en el que se habían puesto tantas expectativas. 

En las consultas de apoyo psicológico en IVI, invitamos a los hombres a que se quejen de la situación por la que están pasando sin temer las reacciones que la expresión franca de sentimientos pueda tener en su pareja. Muy al contrario de lo que ellos temen, su expresión emocional permite que su mujer se sienta más acompañada en los sentimientos que está teniendo, y esto, indudablemente, facilita el entendimiento de la pareja.

 El otro día leía un estudio que concluía que los hombres en tratamientos de reproducción asistida demandaban un mayor protagonismo a lo largo del proceso. Muchos de ellos opinaban que en las consultas médicas se les tenía poco en cuenta, apenas se dirigían a ellos a la hora de dar explicaciones médicas y, ante noticias negativas, el apoyo emocional de los profesionales iba dirigido mayoritariamente a la mujer.

 Desde aquí, me gustaría hacer un llamamiento a todos los profesionales que trabajamos en reproducción asistida para que tengamos en cuenta estas conclusiones y estemos especialmente atentos a que el hombre no se sienta un mero acompañante sino un verdadero protagonista del proceso. No olvidemos que, a pesar de que trabajemos sobre el cuerpo de la mujer, estamos construyendo un proyecto de pareja. 

Mª del Mar Tirado

Psicóloga IVI Sevilla.

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Menopausia precoz

“¿Por qué siento que en los últimos 3 meses he envejecido más que en los últimos 10 años?”, me preguntaba Ana, una paciente diagnosticada de menopausia precoz a los 32 años, justo cuando quería ser madre.

Llevaban 8 meses buscando embarazo, ella tenía desarreglos desde hacía tiempo, pero nunca les dio demasiada importancia. Cuando fueron a consulta con el ginecólogo y éste les dijo que su reserva ovárica no se correspondía con su edad, no se lo podía creer. Desgraciadamente las analíticas confirmaron lo que en ecografía parecía evidente: menopausia precoz.

Por lo general, la menopausia suele ocurrir alrededor de los 48-50 años. Aunque no es ninguna enfermedad, sino que se trata de una etapa normal en la vida de la mujer, sí suele venir acompañada, en mayor o menor medida, de una serie de síntomas físicos y emocionales.

A nivel físico: Falta de energía, cansancio constante, caída del cabello, bochornos o calores súbitos, sequedad de la piel, tendencia a aumentar de peso… Al mismo tiempo: irritabilidad, falta de concentración mental, melancolía y llanto fácil, cambios emocionales súbitos, disminución del deseo sexual, tendencia a la depresión, sensación de soledad y falta de expectativas en el futuro, son algunos de los cambios emocionales asociados a esta etapa.

Cuando la ausencia del ciclo menstrual ocurre antes de los 40 años, hablamos de menopausia precoz. Esto les ocurre a entre un 3 y un 5 % de las mujeres. En ellas, esta etapa de la vida alcanza un doble impacto: la imposibilidad de concebir naturalmente y la reflexión sobre la edad y el paso del tiempo. Es frecuente que se sientan enfadadas y molestas con su propio cuerpo por haber envejecido de forma tan acelerada.

A menudo, afirman que se miran al espejo y se ven mayores, envejecidas, que han perdido parte de su atractivo físico, a pesar de que no ha habido cambios objetivos en su físico ni que la edad que tienen lo justifique. La mayoría tienen que recurrir a la donación de ovocitos para llegar a ser madres, sin embargo, en mi experiencia clínica, no creo que el paso a la donación sea especialmente duro para estas pacientes.

Lo viven claramente como una solución, la única posibilidad de poder vivir un embarazo, a pesar de que muchas de ellas puede que no hayan llegado todavía a la treintena. En estas mujeres, los signos y síntoma que hemos dicho son comunes en la menopausia, se suman a los propios de las mujeres que se encuentran sometidas a tratamientos de reproducción.

Es muy doloroso para ellas asumir, que, siendo jóvenes, no podrán quedar embarazadas de manera espontánea. Por este motivo, el acompañamiento de un profesional de la psicología a lo largo de todo su tratamiento, se hace especialmente relevante.

Por Mª del Mar Tirado

Psicóloga IVI Sevilla

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¿Cómo se lo cuento a mi hijo? Parte II

El niño que nace por donación de gametos no tiene un pasado ni unos padres a los que buscar. Si no fuera por sus padres, este niño no existiría, ya que con un solo óvulo o espermatozoide que el donante o la donante aportaran, nunca llegaría a ser persona. No existe, por lo tanto, el sentimiento de abandono que puede existir en la adopción. Muy al contrario, estos niños, llegan a unos padres con un gran deseo de tener un hijo y con mucho amor para darle.

Los niños concebidos por donación de gametos podrían beneficiarse también del conocimiento de su pasado, pero está todavía poco claro cual es el riesgo-beneficio que esto puede ocasionarles. Todavía son escasos los estudios que existen sobre las nuevas familias creadas a través de la donación, sin embargo los resultados de los estudios son alentadores para aquellos que se plantean tratamientos de fertilidad.

Existen todavía preguntas y dudas que resolver para lo que son necesarios más estudios. Para ello, lo más adecuado es tener en cuenta cómo estas técnicas afectan a las parejas que las desarrollan, a las relaciones de parentesco, de amistad, de vecindario y a sus relaciones de trabajo, ya que consideramos relevante que la sociedad de hoy en día ponga especial atención en normalizar los procesos de reproducción asistida o de adopción de forma tal que lo importante sea “La Familia” y “La Persona” y no su forma de concepción, ya que las relaciones entre padres e hijos hoy en día están no sólo basadas en la naturaleza sino en la “crianza”. Sería ideal que en las escuelas se explicaran ya las nuevas formas de concepción.

En los últimos 30 años, la visión que tenemos los psicólogos sobre los niños ha cambiado notablemente. Ya no se piensa que los niños son sujetos pasivos a merced de las experiencias que les depara la vida. La psicología infantil nos demuestra que los niños poseen una mayor capacidad de asimilación de información que los mayores, es por ello que consideramos importante iniciar una fase de educación y transmisión de información para educar a las futuras generaciones sobre las familias creadas mediante reproducción asistida.

A nuestro entender, siempre debe ser la pareja quien decida lo que hará y nuestra labor no es otra que ayudar a la reflexión. Todo dependerá de su entorno, sus miedos y cómo hayan preparado psicológicamente la recepción de gametos. Existen cuentos ya para poder iniciar a los niños en lo que a estos temas se refiere. Por otro lado, probablemente sea en la adolescencia o ya en la vida adulta cuando ese hijo haga preguntas o necesite más información sobre su origen genético.  Cada progenitor conocerá la mejor fórmula para explicar a su hijo de forma natural sobre su concepción y el mantenimiento del secreto mientras fue niño.

Un trabajo muy reciente y novedoso estudia las estrategias que utilizan los receptores de gametos para decirles a sus hijos la verdad sobre sus orígenes. Existen dos tipos, aquellos que han hablado abiertamente sobre el tema desde siempre ante el hijo/a y otros que han contado cuentos desde la infancia del niño/a para ir preparando a la familia.

De momento no pueden extraer conclusiones sobre la mejor forma de revelar la concepción mediante donación. En la comprensión moderna entendemos el parentesco como una noción cultural de relación que deriva de la idea de que es a través del día a día que uno se convierte en padre o madre. Ser padres quiere decir que se ha  de criar al hijo, mantener las relaciones y los lazos; el vínculo y la cualidad de la relación es lo que nos convierte en padres.

El ambiente en el que crece cualquier niño o niña determina sus hábitos, sus costumbres, sus valores y su forma de entender la vida. Todo esto lo transmiten los padres a través de la educación, independientemente de que la carga genética que el niño tenga, sea o no la de uno de ellos.

Con independencia de que comuniquen al niño su origen o no, lo que sí está claro es que si el padre o la madre tienen dudas o dificultades de relación con su hijo por la forma en que ha sido concebido, esto redundará en su relación con él y si en cambio, viven su paternidad con absoluta normalidad y sin cuestionarla lo más mínimo, la relación con su hijo será como la de cualquier otro padre.

El vehículo comunicativo hacia los niños somos los adultos, que con la información que hasta el momento tenemos sobre el bien hacer de estas familias, nos demuestra que se debieran diseñar estrategias para transmitir la concepción de un niño a través de las técnicas de reproducción asistida, ya que la estructura familiar diferente no predice un desarrollo anormal del niño. Lo que realmente importa es la calidad de la vida de esa familia.

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Día de la madre

Mes de mayo, Día de la Madre. Sí, es una invención de los grandes centros comerciales pero ayer mismo una paciente me comentaba que no puede ni oír los anuncios que aparecen por esta fecha. Ella, con las ganas que tiene de poder celebrar el Día de la Madre, no soporta la idea de que nunca nadie vaya a felicitarle.

Aunque en el tiempo que duran los tratamientos de reproducción la pareja tiene la sensación de que esta situación nunca va a llegar a solucionarse, es muy importante trabajar con ellos que están pasando por una etapa difícil, muy dura, pero que terminará. Si son pacientes, tenaces y tienen la fortaleza emocional suficiente para ir adelante con los tratamientos, antes o después, con una muy alta probabilidad, se  conseguirá el embarazo.

Y de forma casi mágica, cuando se alcanza la meta tan deseada, se olvida todo lo que se ha pasado. Ya nada importa.

Así lo expresaba una mamá que, después de haber pasado por varios tratamientos y haber optado finalmente por la donación de ovocitos, reflexionaba sobre su maternidad:

“Desde la distancia y la felicidad de ver a mi hijo en la cuna, revisar lo que entonces sentí es raro, muy raro, porque ahora nada importan aquellas dudas, aquellas inseguridades, aquellas cuestiones que parecían sin respuesta. Ya no tienen el peso que entonces creía. Ahora, con los ojos de mi hijo mirándome, con su mano en mi pecho o acariciando mi cara; ahora escuchando su respiración mientras duerme, consolando su llanto, nada importa. Mi hijo es mío. Tan mío que míos son sus dolores, sus desvelos, sus risas y su llanto; míos serán sus temores, sus ilusiones, sus preocupaciones, su primer amor y sus desengaños. Es mía su felicidad y mío el inmenso e inexplicable placer de acompañarle en la vida. Porque ser madre, ser padres es eso: enseñar a vivir, a disfrutar de los momentos buenos, a saber llevar los malos; ser madre es sólo SER, no implica ningún verbo más. ‘’

Precioso, ¿verdad?

Desde aquí quiero felicitar a esta mamá y a todas aquellas madres que lo han conseguido después de un largo, y en ocasiones, duro camino. Nadie más que ellas sabrán disfrutar de este día que, en algún momento de su vida, pensaron que nunca llegaría.

A todas ellas, FELIZ DÍA DE LA MADRE!!!

Mª del Mar Tirado

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